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Apartamentos Turísticos La Escuela

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Estatua de Santo Domingo de la Calzada foto 01
Estatua de Santo Domingo de la Calzada foto 02

Dicha Orden dice así:

Orden de 10 de mayo de 1939 declarando Patrón de los Cuerpos que integran los diferentes Servicios de Obras Públicas a Santo Domingo de la Calzada, disponiendo que se considere festivo para los Cuerpos Facultativos, Técnico-Administrativos y Auxiliares el día 12 de mayo, festividad el Patrón.

Los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos expresaron ya hace algunos años su vivo deseo de tener, a semejanza de los Cuerpos similares, Civiles y Militares, un Patrón de los Servicios de Obras Públicas, que pudiera ser Santo Domingo de la Calzada, varón pío y activo que dedicó gran parte de su vida a facilitar, mediante la construcción de caminos y puentes, la comunicación de la tumba del Apóstol Santiago con apartadas regiones de nuestro territorio.

Las circunstancias adversas, que para el logro de tal propósito han imperado en los últimos tiempos, impidieron la realización de tan justo designio, habiéndose tenido que limitar a la constitución, en 1932 de una «Cofradía de Santo Domingo de la Calzada», de carácter exclusivamente confesional, y que ha venido celebrando anualmente el 12 de mayo de cada año cultos religiosos en diferentes puntos de España y practican algunas obras benéficas para el auxilio de las familias de los compañeros fallecidos.

Liberada España por la Gloriosa Cruzada Nacional y garantizada la expresión de nombres ideas y sus consecuencias prácticas, he llegado el momento de satisfacer aquellos deseos.

Y a tal efecto, este Ministerio ha servido disponer lo siguiente: 1.º Se declara a Santo Domingo de la Calzada Patrono de los Cuerpos que integran los diferentes Servicios de Obras Públicas.

2.º El día que se conmemora el Santo, 12 de mayo, será festivo para los Cuerpos Facultativo, Técnico-Administrativo y Auxiliares dependientes de este Ministerio.

Lo digo a V. I. para su conocimiento y efectos.

Dios guarde a V. I. muchos años.

Santander, 10 de mayo de 1939.

Año de la Victoria.

* ALFONSO PEÑA BOEUF.

Iltmo. Sr. Subsecretario de este Departamento.

Estatua de Santo Domingo de la Calzada foto 03
Estatua de Santo Domingo de la Calzada foto 04

El Gallo y la Gallina que se representan en la base del monumento hacen referencia a la “La leyenda del gallo y la gallina de Santo Domingo de la Calzada” que es un Bien de Interés Cultural (BIC) de carácter inmaterial, por parte del Gobierno de La Rioja.

Este milagro lo relata el P. Fr. José del Salvador, Carmelita Descalzo, de la provincia de Navarra en su libro “Compendio de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada, con su novena” y que reproducimos aquí:

El más célebre de cuantos milagros obró Dios por medio de Santo Domingo, fue el del Gallo, y la Gallina, de quienes se valió el Señor como de instrumento para acreditar la inocencia, ndicar la calumnia, y dar a entender el poco valimiento que tiene la iniquidad contra la virtud. El suceso ha volado en alas de ambas aves a las cuatro partes del Mundo; mas esto, que puede ser bastante para quitar la admiración a los que miran con tibieza las obras de la Omnipotencia, no lo es para que pierda un adarme de estimación la maravilla. El canto con que los dos animales la publican, por antiguo que sea, siempre sonará como nuevo en los oídos del devoto, logrando por efecto el tributo de innumerables alabanzas a la Majestad Suprema. Con este piadoso anhelo paso a referirlo según lo escriben los Historiadores de la Vida del Santo; y es como se sigue.

En la Villa de Santos del Reino de Francia, Arzobispado de Colonia, vivían por los años de mil y cuatrocientos marido, y mujer con un hijo, mancebo de bellísima disposición, y aspecto. A impulsos de la devoción determinaron ir en Romería a visitar el Cuerpo del Apóstol Santiago, con cuya ocasión llegaron los tres Peregrinos a la Ciudad de la Calzada, a la que, sobre ser camino para Compostela, convidaba a todos el Sepulcro de nuestro Santo con repetidas maravillas. Ante todas cosas lo visitaron devotos, y luego se hospedaron en un Mesón, cuyos Dueños tenían una hija de más hermosura, que honestidad. Apenas ella vio la bizarra presencia del Mancebo, cayó en el lazo de un impuro afecto, con tal vehemencia, que rompiendo la pasión el velo del recato con que Dios quiso defender la flaqueza de su sexo, declaró al mozo sus depravados designios, rogándole con encarecidas lágrimas se dignase usar de su persona.

¡Qué tiro este para una alma, que no tuviera de su parte el brazo del Omnipotente! Con efecto, el virtuoso Mancebo acreditó, que toda la Majestad Divina estaba empeñada en defensa de su pureza; y valiéndose de su auxilio despreció, como otro José, el convite de la Gitana, éste el de la desvergonzada Mesonera. Viendo la infeliz frustrados sus lascivos intentos, trocó el amor en odio (regular, y temible efecto de semejante pasión,) con que determinó vengarse del que juzgaba agravio en el recatado Peregrino. Para llevar al fin su pensamiento, halló una vil traza su enojo, que fue poner en el zurrón del inocente la taza de plata con que bebían los huéspedes.

De la misma invención usó José con sus hermanos, pero con muy contrarios pensamientos. Aquel buscaba para estos la felicidad, y la infame moza trazaba al honesto Joven la muerte. Puso en fin por obra su cruel designio, y prosiguiendo los Peregrinos su Romería, empezó la traidora a dar voces, publicando, que le habían robado la taza, y que no podía ser otro el ladrón, que el Mancebo Peregrino. Persuadidos los Padres a que decía verdad, acudieron a pedir justicia al Corregidor. Este mandó a los Alguaciles, que con toda diligencia fuesen en busca de los huéspedes. Hicieronlo así; y a poca distancia los alcanzaron, y registrándolos encontraron la taza en el zurrón del Mozo, de cuya noticia estaba él bien ajeno.

Volvieron a los tres presos a la Ciudad; y como la taza era el testigo del delito, y ninguno el valimiento del inocente, fue condenado a pena capital, que al punto se ejecutó en una horca, sin dar lugar a la apelación. Así permite Dios sean atribulados los Justos, para hacerlos más dignos de su amor. Viendo los Padres, que ya el caso no tenía humano remedio, moderaron con la reflexión su amargura; y animándose mutuamente, prosiguieron el camino para Santiago, dejando su corazón pendiente en el suplicio con el hijo de sus entrañas, que para común escarmiento dispuso la Justicia no lo bajasen de la horca: costumbre, que aún se practicaba en muchas partes de España.

Entre tantas tribulaciones llegaron los devotos Peregrinos a Compostela, visitaron el Cuerpo del Santo Apóstol; y de vuelta a su Patria, estando ya en el término de la Calzada, y lugar de la horca, determinó la amante Madre arrimarse a ver su hijo, que aún estaba pendiente de aquel afrentoso palo. Penetrada de dolor, y anegada en lágrimas llegó a él, y al mismo tiempo oyó de su boca estas palabras. Madre mía, ¿para qué me lloráis muerto, supuesto que dichoso vivo! El Bienaventurado Santo Domingo de la Calzada me ha conservado la vida contra el riguroso cordel, y hambre poderosa de tantos días sin alimento. Él me ha sostenido, y conservado como ahora me veis. Id a la Justicia, dad cuenta de este prodigio, y pedid me bajen de este palo, pues mi inocencia no mereció este castigo.

Estatua de Santo Domingo de la Calzada foto 05
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Ya había llegado el Padre al pie de la horca, y al ver ambos el prodigio, quedaron como pasmados. Aquí se les mudó el objeto de sus lágrimas; y las que antes eran de dolor, desde ese instante lo fueron de regocijo. Bien fue menester, que Dios dilatara sus corazones, para que no desfallecieran al golpe de tanto gozo. Agitados de él fueron corriendo a dar cuenta del Milagro al Corregidor de la Ciudad, que vivía en la calle de Barrio-Viejo, frente de donde está hoy el Convento de las Religiosas de San Bernardo. Hallaron, que el Corregidor estaba comiendo con su familia; y llevados de su impaciente alborozo, subieron hasta la pieza donde estaba sentado a la mesa. Tenía ya el cuchillo en la mano para trinchar un Gallo, y una Gallina, que había asados en el plato. Refirieron los Peregrinos el prodigio; y riéndose el Corregidor de la que juzgaba simplicidad, dijo a la Madre estas palabras:

Así vive tu hijo, a quien yo mandé ahorcar, como este Gallo, y Gallina, que pelados, y lardeados están para ser sepultados en nuestros estómagos.

¡Rara maravilla! Al punto de querer aplicar el cuchillo resucitaron las dos Aves, se vistieron de plumas blancas, y puestas en pie sobre el plato en que yacían, empezó a cantar el Gallo.

Admirado el Corregidor con todos los circundantes, dejó la comida, salió de casa; y acompañado de la Clerecía, y Vecinos, que a la noticia se habían juntado, fue al sitio de la horca, en que estaba el Peregrino joven. Hallóle vivo, y preguntándole como tenía vida después de tantos días de ahorcado, respondió con las palabras que a su Madre; atribuyendo al Santo el prodigio. Bajáronle del suplicio con la mayor ternura; y con Procesión solemne lo llevaron al Sepulcro del Santo, donde todos dieron a Dios las gracias por tanto beneficio. Luego lo entregaron a sus Padres, que lo recibieron con la alegría que se deja entender de su expresivo paternal amor; y todos tres tomaron el camino para Santos su Patria, donde muchos años después murió el Mancebo Peregrino, en cuyo sepulcro se pufo un Epitafio, que contiene todo el suceso.

Los muy Ilustres Cabildo, y Ciudad de la Calzada, fueron en Procesión a casa del Corregidor por el Gallo, y Gallina resucitados, y llevándolos a la Catedral los pusieron en un curioso nicho enfrente del Sepulcro del Santo, que hoy se ve sobre la puerta, que antes era de la Torre mayor. No podían durar naturalmente estas aves el tiempo que quisiera la devoción de los Fieles, y para ocurrir a esta, se tomó la providencia de mudarlas a sus tiempos, cuidando de que cuantas se ponen sean de plumas blancas. De estas llevan los Peregrinos a las Provincias más remotas, experimentando por su medio la virtud, y favor del Santo en sus apuros. Sobre la puerta de la casa que sucedió el Milagro, se puso una inscripción, que lo significaba, de la cual no ha quedado vestigio alguno. De la horca lo hay en la Catedral, en lo alto de una columna de la nave de la Epístola; y es un palo de ella con un escrito, que a cuantos lo miran trae a la memoria este asombroso prodigio. Desde que sucedió se añadieron a las Armas antiguas de la Santa Iglesia, y Ciudad el Gallo, y la Gallina: Milagroso blasón, que al paso que acredita el honor, asegura la felicidad de ambas Ilustrísimas Comunidades.

Este es el prodigio, que justísimamente ha sonado en todo el Mundo; porque en él se juntan todas las circunstancias, que hacen asombrosa una maravilla. En él se nos ofrece un rasgo de la Divina Omnipotencia, que alabar: un ejemplo perfectísimo de pureza, que seguir, y un exceso de la sensualidad humana; que temer. Toda esto se debe a la poderosa intercesión de Santo Domingo, que a costa de portentosos Milagros cela el bien de sus devotos. Sobre los referidos, lo acreditan los que cada día repite a nuestra vista en favor de los que piadosamente lo invocan.

Prodigio llamo yo a la puntualidad con que el grande Domingo oye las súplicas de sus Ciudadanos, siendo lo mismo sacarle de su casa, que regar los campos con abundantes lluvias. Prodigio llamo yo a aquel invisible soberano impulso con que arrastra a su presencia los Pueblos comarcanos, aprisionándolos con la cadena de innumerables beneficios. Prodigio llamo yo a una natural inclinación con que nacen los niños de su Solar, que apenas saben articular una palabra, cuando exclaman con su balbuciente lengua: Santo de mis entrañas. Prodigio llamo yo al espíritu humilde, sencillo, inocente, y todo de Dios, con que a pesar de la escrupulosa crítica del siglo se ven concursos de innumerables gentes, tributándole los más rendidos homenajes.

No pude ver sin lágrimas un testimonio de esta verdad en la muy devota Procesión, que se hace la víspera de Fiesta, llamada del pan, con alusión al que el Santo llevaba para los Pobres de su Hospital. Allí se ven millares de personas de todas clases, que en sus apuros se ofrecieron a llevar (como dicen) el pan del Santo, experimentando en este voto repetidos prodigios. Allí se ven personas delicadas pisando el barro con los pies desnudos, y dando vuelta a toda la Ciudad en obsequio de su benéfico Patrón. Allí se ven las Madres con los niños en sus brazos, ambos con un pedacito de pan en la mano, infundiendo devoción, y ternura a los corazones más distraídos. Allí se experimenta un orden perfecto, y un silencio profundo, sin otra dirección, que la de doce Doncellas ricamente vestidas, que con el pan en la cabeza van delante de la devota comitiva. Allí se admira una extraordinaria compostura aun en los irracionales, que llevan la comida, que se ha de servir a los pobres en aquella fiesta. Allí en fin se ostenta un conjunto de objetos de devoción, que acreditan la fe, avivan la esperanza, y predican al mundo caridad. Por efecto de esta amorosa demostración se aumenta el número de los devotos, se renueva el fervor de los antiguos, y se repiten los prodigios del Santo, logrando su Ciudad timbres más gloriosos, que los que dio Rómulo a la grande Roma, Dido a Cartago, y a la famosa Corte del Oriente el célebre Constantino.

Localización

Propiedad y visitas

El monumento se encuentra al borde de la carretera nacional 623 en una zona pública.

Bibliografía

Antonio Peña Boeuf. (2008). Memorias de un Ingeniero Político.

P. Fr. Josef del Salvador, Carmelita Descalzo. (1787). Compendio de la vida y milagros de Santo Domingo de la Calzada, con su novena, pág. 137-156.

González de Riancho Colongues, Aurelio. (2008). Cien obras maestras de la arquitectura civil en Cantabria, pág. 71.

B.O.E. 13-05-1939, pág. 2626 – pág. 2627